RESEÑA
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Reseña

Portobelo protagonizó un momento muy importante en la historia del mar. Durante más de 150 años fue el centro de la ruta de ida y vuelta entre España y Perú, y ocupó un lugar estratégico para el interés militar, comercial y político entre los siglos XVI y XVIII.
 
Cristóbal Colón, el 2 de noviembre de 1502, durante su último viaje, llegó a la Bahía de Portobelo. Por lo tanto, este lugar se convertiría en el corazón de la carrera de las Indias, un centro de comunicaciones para el poderoso comercio monopólico de la corona española con América.
 
La ciudad de Nombre de Dios, al este de Portobelo, fue anteriormente el puerto atlántico y su colonización desplazó a los asentamientos indígenas que se encontraban en la zona. Posteriormente, por razones de seguridad y salud, entre otros, el fondeadero se trasladó a Portobelo. Esta pequeña ciudad fue fundada por Francisco Valverde y Mercado, el 20 de marzo de 1597.
 
La feria más grande del mundo
 
Una vez al año se celebraban las ferias, entre la llegada y salida de los galeones españoles. Los barcos trajeron a España, entre otros productos, oro, plata, tabaco, chocolate y cuero y, desde allí, trajeron a América artículos de vino, aceite, hierro y madera, muebles ...
 
Estos productos fueron en un largo y laborioso viaje; Fueron y vinieron de Lima a Panamá, de allí a Portobelo, para continuar su viaje a España. La ruta entre Portobelo y Panamá se realizó por tierra, siguiendo el Camino Real o navegando por el río Chagres, para continuar por el Camino de Cruces.
 
Una mercancía con tanta riqueza atrajo el interés de otras potencias mundiales y la piratería no esperó. Como contraparte, la Corona española construyó un feroz sistema de defensa que rodeaba la bahía de fortificaciones.
 
Anécdota: un testigo contó en un solo día "hasta 200 mulas cargadas con barras de plata que se descargaron en la plaza del mercado y se dejaron allí como pilas de piedras en las calles, sin temor ni sospecha de que pudieran perderse".
 
 
Historia de piratas y castillos
 
Drake, Parker, Morgan, Vernon, Kinghills, entre otros piratas, atacaron y destruyeron muchos de los edificios y fortalezas de Portobelo. Francis Drake dejó su vida en la misma bahía, probablemente en un lugar al lado de un islote que fue bautizado con su nombre, y la leyenda cuenta que sus restos fueron arrojados al mar en un ataúd muy pesado para que siempre estuvieran sumergidos.
 
El primer sistema de defensa fue encargado al prestigioso ingeniero militar Bautista Antonelli. Siempre fue un conjunto simple, o una ciudad sin muros, con fortificaciones sueltas confiadas a la defensa proporcionada por las condiciones naturales del rugido.
 
A mediados del siglo XVIII, los ataques del almirante Vernon expusieron el sistema defensivo español en el Caribe. A partir de este hecho, las fortificaciones, entre ellas las de Portobelo, se ampliaron y reformaron siguiendo criterios de defensa más modernos. El nuevo plan fue encomendado al ingeniero Manuel Hernández. De estos proyectos nacen las fortificaciones cuyas ruinas se pueden contemplar hoy.